El 727 con una vida de Hollywood y un final digno de película: Flying Colors of the USA: La serpiente furtiva

Cuando la creatividad y locura de Mary Wells de la firma de marketing Wells Rich Greene y Harding Lawrence, líder de Braniff International se unió, dieron paso a la transformación de la aerolínea durante las décadas de 1960 y 1970. El apogeo artístico de esta unión fueron los esquemas especiales de Calder, uno de los cuales celebró el Bicentenario de Estados Unidos en 1976 y se lo conoció como «la serpiente furtiva».

El ejecutivo persuadió al famoso artista moderno Alexander Calder para que creara los ‘Flying Colors of South America’ en un DC-8. La obra tardó 6 meses en diseñarse y le costó a la aerolínea $ 100,000. El esquema del 727 con motivo del Bicentenario de los Estados Unidos costaría un precio similar y sufriría una gestación similar. 

Ese el inicio el proyecto ya tuvo peculiaridades y eso que todavía no llegaban las generadas por el avión elegido para llevar la pintura. Calder voló a supervisar el proyecto y se le ocurrió añadir al diseño original un dragón al motor No. 1. El avión iba a ser dedicado a la primera dama Betty Ford y algunas personas pensaron que el dragón se parecía al logo de un grupo terrorista prohibido (el Ejército de Liberación Simbionés). Así que el dragón fue archivado y en su lugar reemplazado por una franja roja ondulada solo para finalmente aplicarse a la aeronave en 1976.

Las rayas onduladas pronto fueron asociadas con una serpiente por lo que vino el primer detalle glamoroso ya que de ganó el apodo de  «Sneaky Snake» en honor a una canción de la época.

Más allá del nombre lo interesante estuvo en el avión en su mismo elegido para la obra que ya venía con cierta historia y personalidad. Fue el N408BN, uno de los 727-200 no advance de la flota y comprado de segunda mano a Frontier Airlines.

Frontier no había tratado el avión con mucho cuidado y después de solo cuatro años de uso rudo tenía varía magulladuras en el fuselaje en la parte inferior del avión justo detrás de las alas. También era una especie de reina del hangar: un avión con una multitud de problemas generalmente menores por varias cosas que la mantuvieron fuera de servicio por más tiempo que sus compañeros. Por último, tenía su propia personalidad para volar porque tenía un problema de ajuste que significaba que en altitudes más altas se negaba a volar en línea recta y requería que el piloto siempre aplicara algún tipo de presión a los controles.

Independientemente de los problemas de la aeronave, el diseño fue un éxito y N408BN pasó gran parte de 1976 recorriendo aeropuertos en la red de Braniff. Braniff recibió una gran publicidad y, a finales de año, la aerolínea afirmó que la obra de arte era la más vista de la historia.

Calder fue contratado para pintar un tercer avión, esta vez para estar en ‘Flying Colors of Mexico’ pero, lamentablemente, mientras trabajaba en Nueva York con Braniff, murió en 1976. Braniff decidió seguir adelante con el esquema, pero en 1977 decidieron cambiar la imagen de la empresa por un diseño más estilizado por lo que el proyecto se desecho y el «Sneaky Danke» fue almacenado 2 años en DFW hasta que fue pintado en el nuevo esquema.

El avión tuvo una carrera activa operando arrendamientos a corto plazo para varias aerolíneas emergentes después de salir de la flota en 1985 hasta que en 1993 tuvo un final de película apareciendo en la película Bad Boys y explotando en una de sus escenas. Sin duda algún un final digno para un avión que tuvo una vida glamorosa.

Acá en Ecuador esa novedad también se dio con Ecuatoriana de Aviación que también fue por la iniciativa de pintar sus Boeing 707 de colores llamativos a los que popularmente llamaron «payasos» y que como en sus publicidades decían, tenían como objetivo llevar colorido de la ecuatorianidad a los aeropuertos de América. En el caso de Ecuatoriana sus diseños fueron hechos por el pintor ecuatoriano Bolívar Mena Franco.

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